Introducción
El recorrido de los capítulos previos ha ofrecido un balance mixto en cuanto al cierre de brechas económicas y sociales en América Latina y el Caribe (ALyC). Aunque persisten altos niveles de heterogeneidad, la región ha conseguido, en general, una relativa estabilidad macroeconómica, especialmente en aquellos países cuyo banco central ha mantenido su independencia frente a otros poderes del Gobierno. A esto hay que sumarle importantes reducciones de las tasas de pobreza, impulsadas, en gran medida, por el superciclo de materias primas entre 2000 y 2014, y el éxito de los programas de transferencias condicionadas. La región también se ha acercado a los niveles universales de matrícula escolar, con equidad de género e, incluso, con una ventaja favorable para las mujeres. Además, se han implementado diversas iniciativas exitosas de pago por servicios ecosistémicos (PSE) que incentivan la conservación ambiental.
Sin embargo, la lista de desafíos pendientes todavía es extensa. Según la CEPAL, el crecimiento potencial de la región oscila entre el 1,8 % y el 2,5 %, dependiendo del país y la subregión (CEPAL, 2022). El capítulo 2 reveló que el rezago de la productividad es alarmante. Para la muestra, la productividad laboral promedio en ALyC es de aproximadamente un 40 % respecto a la de Estados Unidos. El capítulo 3 presentó un panorama poco alentador respecto al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el cierre de brechas. Evidencia de esto es que, en promedio, el 70 % de los trabajadores de la región son empleados informales, lo que limita su acceso a servicios de protección social. Además, se mostró cómo la región enfrenta niveles de desigualdad persistentes y baja movilidad económica y social, a lo que se debe sumar que, a pesar de un mayor acceso a la educación pública, su calidad y relevancia siguen siendo problemas urgentes. El capítulo 4 también levantó la alarma sobre la agenda de acción climática pendiente, especialmente al considerar que la región concentra el 9 % de los eventos climáticos extremos en el ámbito mundial.
Ante esta realidad, este capítulo ofrece propuestas que apuntan a potenciar el crecimiento económico y el desarrollo sostenible en un momento de quiebre histórico. El contexto actual está marcado por una creciente rivalidad entre potencias globales, tensiones comerciales, conflictos abiertos en Europa y Medio Oriente, el afianzamiento de la polarización y la incertidumbre política, la transición hacia un mundo multipolar y desafíos globales como el cambio climático, los impactos de la inteligencia artificial y las crisis migratorias, que requieren reconstruir una cooperación internacional cada vez más fragmentada. En un mundo interconectado y tecnológicamente cada vez más avanzado, ALyC tiene algunas oportunidades para aprovechar nuevas vías de crecimiento y desarrollo sostenible.
No obstante, la posibilidad de aprovechar la tecnología y el entorno geopolítico actual no implica dejar de trabajar en la agenda de desarrollo pendiente. Al contrario, resolver los desafíos estructurales es fundamental para potenciar cualquier estrategia de despegue. En esta agenda es crucial poner énfasis en factores potenciadores como la inversión en infraestructura digital y el diseño de un ecosistema regulatorio adecuado, la reformulación de la política industrial y la provisión de una educación de calidad y pertinente. Asimismo, el fortalecimiento de las capacidades estatales y la promoción de instituciones sólidas son claves en esta agenda. Para asegurar la coherencia de políticas y maximizar recursos, especialmente en países con diferencias territoriales y capacidades administrativas desiguales, los Gobiernos centrales y subnacionales deben coordinarse eficazmente. Las instituciones son clave para generar confianza y promover inversión e innovación, pero no se puede ocultar que la región enfrenta grandes desafíos vinculados a problemas de legitimidad y corrupción. Para impulsar la inclusión y la sostenibilidad, es esencial comenzar por modernizar estas instituciones, garantizando su representatividad y capacidad para regular recursos naturales y gestionar riesgos climáticos.
Muchos de los desafíos que enfrentan los países de ALyC son los mismos de otras regiones y requieren esfuerzos coordinados entre las naciones, particularmente en la reducción de emisiones y la transición energética. Asimismo, existen retos intertemporales que trascienden los ciclos políticos y que exigen planificación, coordinación y fortalecimiento de las instituciones para garantizar la continuidad de las políticas públicas a largo plazo. Este capítulo concluirá revisando el rol de la banca multilateral moderna en la agenda de desarrollo de la región, dado que los bancos de desarrollo se han posicionado como actores clave que, además de proveer financiamiento, también ofrecen bienes públicos claves como el conocimiento y la coordinación.
En definitiva, ALyC está en una encrucijada que exige decisiones estratégicas para aprovechar las oportunidades emergentes, sin perder de vista los desafíos históricos. La convergencia de factores externos, como las transformaciones geopolíticas y las megatendencias tecnológicas –con problemas estructurales internos– plantea la necesidad de adoptar una visión de desarrollo integral. Este capítulo plantea una agenda a futuro que busca adaptarse y construir sobre los avances logrados.